Aquí en este salón,
que para enseñar deja el corazón.
Usted que entrega sabiduría,
para que aprendamos algo nuevo cada día.
Usted es nuestro maestro,
yo lo admiro aunque no lo demuestro.
Esas inmensa ganas de enseñar,
y repite siempre que en la vida hay que triunfar.
Los años que lleva como profesor,
Siempre he oído que usted enseña con amor.
Este salón donde se escucha su voz ya gastada, gritando para entregar la enseñanza.
Al escribir en el pizarrón,
veo su mano ya arrugada sosteniendo ese plumón.
Ahora llegó el momento de despedirse,
Pero nunca olvidar cuando decía que en la vida no hay que rendirse.
Lagrimas para la despedida,
Solo queda agradecer por enseñar a enfrentar la vida
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